Podemos entender la Paz de Dios, esa paz que sobrepasa todo entendimiento, si nos adentramos en su Palabra. En la Biblia, conoceremos como “Jehová es quien pelea nuestras batallas, mientras nosotros podemos permanecer tranquilos.
Cuando nosotros nos encontremos en medio de las tempestades y confiemos en que es Dios, quien nos protege mientras pasa y hasta es El quien puede calmarlas, aprenderemos que como dice la canción, “Puedes tener Paz en la tormenta, Fe y esperanza cuando no puedas seguir…”
Para esto, tenemos que conocer muy bien a ese Dios y tener la certeza de que somos sus hijos, para así, poder disfrutar el beneficio de descansar en medio de cualquier situación mala o buena, porque el que nos cuida jamás se duerme.
Teniendo la convicción de que, si aceptamos a Jesucristo como nuestro único y legitimo Salvador, somos llamados hijos de Dios y partir de allí, si seguimos las pautas que Él nos dejó en su Palabra, como por ejemplo: no temas, por nada estéis afanosos, no desmayes, esfuérzate, se valiente. Podremos vivir en paz y no sólo esto, podremos experimentar esa paz que no se puede a veces entender con la lógica humana.
El Señor en su palabra nos repite una y otra vez, que nos ama y que El cuida de nosotros. Si confiamos en ese Dios protector, sabremos que aunque transitemos por valles de sombras y de muerte, no estamos solos. Si recordamos el versículo que dice, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme su propósito son llamados” (Romanos 8:28- RV ’60), entenderemos lo que significa tener la paz de Dios, ya que sabremos que Él siempre tiene un propósito aun en los momentos y situaciones más duros y difíciles de nuestras vidas.
A medida que busques más a Dios, que conozcas su poder y soberanía, que experimentes su amor, que te llenes de sus promesas; comprenderás el significado de esa paz que va más allá de nuestra comprensión y aprenderás a tener, no sólo una vida llena de paz, sino también un corazón confiado y agradecido con ese Dios que nos regaló esa paz a través de su hijo Jesucristo… ¡Nuestro buen Pastor!